MURALISMO

 

 

El muralismo es una expresion artistica que desde siempre se manifestó como el soporte para vehiculizar los signos de las revoluciones o de los grandes acontecimientos, donde los protagonistas principales son las  masas populares.

 


“No sólo el trabajo noble, sino la mínima expresión espiritual y física de nuestra raza, brota de lo nativo (particularmente de los indios). Su admirable y extraordinario peculiar talento para crear belleza; el arte del pueblo es la más sana expresión espiritual que haya en el mundo y su tradición es nuestra posesión más grande. Es grande porque siendo del pueblo es colectiva, esto es el por qué nuestra meta estética fundamental es socializar la expresión artística que tiende a borrar totalmente el individualismo.

Repudiamos la llamada pintura de caballete y todo arte de los círculos ultraintelectuales, porque es aristocrático, y glorificamos la expresión del ‘Arte Monumental’, porque es propiedad pública.

Proclamamos que el momento actual es la transición entre un orden decrépito y uno nuevo que los creadores de belleza deben realizar sus mayores esfuerzos para hacer su producción de valor ideológico para el pueblo y la meta ideal del arte, que actualmente es una expresión de masturbación individualista, sea arte para todos, de educación, de batalla”. Sequeiro

 

 

El muralismo, el más antiguo en la expresión del hombre, siempre buscó dialogar y conversar reteniendo pasajes históricos, relatando fábulas y leyendas, reviviendo hechos y fantasías para cuestionar y confrontar nuestros pensamientos y nuestros sentidos.
Estoy convencido que la principal función del muralismo no es decorativa sino comunicacional. El principal objetivo de un muralista es hacer hablar a las paredes para promover factores de comprensión y de cambio. Para ello el muralista investiga, estudia, crea y recrea la realidad histórica y social, empleando imágenes y símbolos accesibles al público, al hombre de la calle. El muralista no piensa fundamentalmente en sí mismo cuando realiza su obra de arte, sino en los demás, en los otros, en las multitudes a las cuales está destinado su mensaje.
En nuestros días, muchas veces lo que queremos comunicar en imágenes no se ajusta a los intereses de las instituciones que financian los murales, por eso prefieren dejar los muros en blanco, o decorar con enormes cromos fotográficos, o recurrir al onanismo de un artista que se presta a jugar con elementos plásticos y engendrar un mural inexpresivo....
¿Para qué conflictuarse, dirán, con imágenes de nuestra realidad en cuadros y murales, si las mismas vivientes y reales ya decoran nuestras calles y plazas?. Los más despistados podrán afirmar que el momento actual ya no tiene por qué recurrir al muralismo, menos al arte público, a no ser que no diga nada, porque el mundo políticamente está cambiando y los problemas sociales están en vías de ser superados haciendo perder su razón de ser al muralismo tal como lo conocemos.
Olvidan o tratan de ocultar que ingresamos a un nuevo milenio con el problema universal más grande de la humanidad: la expansión del hambre y la miseria que acentúan una injusta distribución de la felicidad.
Un muralista enfrenta un dilema: ser fiel a su vocación y conciencia o sucumbir a las presiones del sistema.
La Pintura Mural como una de las disciplinas de un arte público masivo es, a no dudarlo, una tarea que exige posición, entrega total a un propósito comunicacional frente a los cambios de nuestra sociedad.
No es fácil andar esparciendo imágenes en muros y paneles. Las vicisitudes del muralismo y del arte público en general, suponen siempre un desafío a la adversidad y la denuncia de la falacia institucionalizada constituye siempre un peligro.
Ayer en mi país fueron intereses de seguridad del Estado, impuestos desde fuera, los que nos impidieron denunciar la injusticia y soportar la cárcel y exilio durante las negras dictaduras. Hoy es el ajuste estructural el que pretende comprar conciencias por un pedazo de pan. Muchos artistas de América del Sur, nos conocimos en el exilio: escritores, músicos, pintores, cineastas, canta autores, compartimos esta dolorosa experiencia que al final nos sirvió para unirnos y crear una conciencia que hoy nos fortalece. Las presiones y persecuciones contra los muralistas siempre existieron y no veo por qué ahora no se puedan enfrentar y sobrellevar como en el pasado. Nadie, sin renunciar a la propia libertad creadora, se someterá a los innumerables condicionamientos de quienes controlan el qué y el cómo decir de esta realidad en que vivimos.
Pero, el problema mas conflictivo que soporta hoy en día el artista y el muralista de nuestros tiempos no es tanto externo sino interno a su persona: la desilusión y el desengaño que dan paso al pragmatismo, la falta de confianza en su mensaje, la perdida de utopías... En otras palabras, el muralismo está en crisis porque los muralistas están perdiendo la fe.
Podemos entender por qué muchos abandonan sus antiguos ideales, podemos explicar por qué la resignación se antepone a las utopías, podemos comprender muchas cosas, pero nunca las podremos justificar.
Los muralistas, y el arte público en general, tenemos mucho que decir sobre esta realidad. Los pueblos, las etnias de mi país, cómo las nubes en el cielo desaparecen o emigran a las ciudades para sobrevivir en zonas marginales. Quienes amasaron la piedra para esculpir Tihuanacu, Samaipata o Machupichu, sólo están presentes en lo que hicieron hace siglos.
El plan globalizador impuesto desde arriba, ha creado sombras en la mitad de esta esfera que gira en un solo sentido al ritmo egoísta de muy pocos. La tierra no es de quién la trabaja, el aire ha enceguecido a las estrellas; en el agua de los ríos y los lagos ya no respiran los peces; los árboles ya no guardan los nidos de los pájaros; en los bosques sólo quedan raíces que nunca darán frutos. Preguntémonos ¿por qué? y tendremos la respuesta: pocos, muy pocos se beneficiaron a través del avance tecnológico con la extracción de riquezas, el progreso se olvidó del hombre y su entorno.
Hay mucho que decir, hay demasiadas injusticias que denunciar, innumerables atropellos que combatir. No podemos callar y desafiar la adversidad con las manos cruzadas frente a un mundo que se devora a sí mismo. No podemos esperar a que se aclaren nuestros paradigmas mientras decenas de miles de hombres y mujeres enfrentan el avance de un modelo que deja desolación a su paso.
El arte - sea música, literatura, canto, artes gráficas o muralismo - tienen su impacto directo para platicar con el pueblo cuando éste se siente acosado por la injusticia.
El muralista tiene un compromiso con la historia para evitar que la memoria popular sea sólo ceniza del pasado. Pintamos para que no se olvide, para encender la llama del recuerdo, para refrescar la conciencia de los jóvenes que no vivieron el pasado inmediato, para cuestionar las mentiras de los testaferros del presente que hacen pasar a los tiranos del ayer por las grandes figuras de nuestros tiempos.
La verdad no es un mito, es la sombra de los actos en la historia y es la causa por la que pintamos en las paredes el retrato de los pueblos.
Pero la conciencia social del muralismo no está sólo en su capacidad de denunciar los atropellos del presente y en reafirmar la historia por encima de la impunidad. La conciencia social del muralismo también está en su capacidad de soñar, de imaginarse un mundo distinto, de pensar una nueva realidad.
Si los muralistas no asumimos nuestro compromiso con el mañana, si renunciamos a nuestra obligación de generar utopías, entonces habremos condenado al muralismo a su muerte. En estos momentos de desconcierto ideológico, de confusión política, se requiere más que nunca de la capacidad visionaria del artista. No podemos permitir que nuestros sueños desaparezcan a la hora de despertar. Si hemos perdido la fe en los mitos del pasado, entonces construyamos nuevos sueños.
Todos hemos visto a este mundo rodar por el despeñadero de la historia: guerras, revoluciones, frustraciones, victorias, derrotas... ¡Todos tenemos experiencias para recrear la utopía de la humanidad! Este es nuestro desafío como muralistas.

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Fragmentos de la ponencia presentada por Walter Solón Romero a la Primera Jornada Mundial de Arte Publico,
México, 1997.